Cuando
me miró, me
quedé petrificado. No podía creerlo … Era ella. De verdad.
Estaba aquí, enfrente de
yo, mirándome fijamente algunos metros más adelante. De repente, la
confusión y un extraño estado me invadieron. No sabía más lo que
fuera viendo. Los minutos que siguieron me aprendieran que fueron mi
tristeza y mi depresión las que me traicionaron.
Todo se paró y Claudia ya
no estaba aquí.
Mi novia era
solamente un espejismo.
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